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Siempre viva
Por la corteza del tiempo sangra mi herida.
Mi sangre azul se derrama en la fuente
Y el cáliz quema su fuego endeble más y más.
El viento rompe mi alma, fundida en oro y plata.
Los años apenas sucumben por el atajo
Y el tic tac, enciende la voz de las voces.
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En su desierto,
La palabra se pierde,
Remilga sus narices y ya nada importa
Y se dirige y se habla.
Corretea la idea, la mente marcha
Y recrea el olvido, olvidando
Negando que respira, que huele,
que duele el minuto en la arteria
Que no es la mía, sino la tuya.
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El reloj alumbra esta ciénaga.
La rana canta por sus ojos el siglo, los siglos
De su ronda verde de brumas y sombras
Y su mar de carrizos, enjuga a la luna sus trizas.
No es muda la noche, que enhebra los sonidos.
No es hambre la luz encendida
que llega a tus pies ciegos;
Rota la magia no vuelve por tu boca seca
y las manos, los dedos, las uñas rasguñan
esos bordes, por donde se fueron.
Escurre otra vez la sal por la gota que cae,
apretada entre los ojos.
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